Mientras la ciudad duerme, madre, tú no sabes que tu hijo de 15 años, ése tan responsable, se escapa de casa para ir a volar al parque. Al mismo que de pequeño no le dejabas ir porque había yonkis, pero amiga, no supiste educarlo en ser feliz.
Fracasos varios que se alumbran a la luz de la luna.
Ya me canso de este ambiente de gente acabada (todos se hacen los borrachos para enrrollarse entre ellos) casi me doy pena, y me duelen los tornillos de la pierna.
Si cojo la la primera a la izquierda, mientras tu ciudad perfecta y maquillada de mentiras duerme, me encuentro en el primer portal de la calle a atravesar un infeliz vomitando su felicidad en trozos de tortilla. SOLO.
Cruzo la calle mientras un coche bastante tuneado hace amago de atropellarme, y casi levita por sí solo con el volúmen del chunta-chunta a punto de romper los cristales.
Dos portales más arriba, dos amantes se lo dan todo, sin pudor, recato o discreción. Los gemidos nacen de las alcantarillas...
En la esquina dos delgados discuten -me imagino- por un saquito blanco, nerviosos, huesos tintineantes sumergidos en ese mar de ropas gigantes y pieles ajadas.
Si tiro hacia la derecha ahora, un cubano/ana explosivo/iva me desea: "buenah nohchieh, amol", y casi me siento violada por su forma de hablar, helmano!
Quizás no lo sepas pero, mientras la ciudad duerme, a tu vecino, ése de buen género que aún sigue inexplicablemente soltero, le gusta ir a bares donde niñas de 14 años se agitan frenéticamente a ritmo de reguetón.
Mientras duerme esta ciudad, echan agua en las calles, y por eso siempre la noche aquí me parece un infierno húmedo y frío a la hora de volver a casa.
Un vagabundo en el cajero.
Un grupo de mujeres poniéndose en ridículo a sí mismas con pollas en las cabezas.
...
El jazz en los oídos suaviza la visión de estos fracasos: la música amansa a las fieras. ¿?
Pero aquí, la noche parece que despierta a las bestias
que llevamos dentro.
Al día siguiente al despertar, todos serán correctos, personas lo suficientemente educadas, para seguir viviendo en sociedad.
Creo, que me haré una promesa: no salir más hasta que este mal invierno desaparezca.
Me siento una farsante, si por un instante pienso que soy algo mejor que todos ellos...
En fin, un mal viernes.